CULTURA

Entrevista a Jordi Sierra i Fabra

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Foto: © Carme Salvans.

Jordi Sierra i Fabra, uno de los escritores más prolíficos de la literatura española, nos concede una entrevista para inaugurar MiniGranada. Esperamos que la disfrutéis tanto como nosotras y os animamos a presentarle a vuestros hijos los fantásticos libros infantiles y juveniles de este gran escritor catalán.

Dijiste que la música te absorbía al cien por cien, así que la dejaste. Diste una segunda razón, que no te veías haciendo lo mismo con más de 40 años… ¿Puedes explicarnos esto último un poco más? ¿Qué influencia tiene para ti la edad en el mundo de la música?

Hay que situar las cosas en su contexto, y saber quién era yo y qué pensaba del tema hace casi 40 años.

En primer lugar, yo siempre quise ser escritor, acabé en el mundo de la música un poco de casualidad y también por necesidad: sabía escribir y sabía de música, pues coño ¿por qué no escribía de música? Mi única intención (tenía 20 años) era hacerme un nombre y poder publicar mis novelas. Yo quería ser Kipling, Verne, viajar, vivir la vida. Y gracias a la música es lo que hice. En 1969 yo trabajaba en una empresa de construcción pero estuve en el nacimiento de El Gran Musical. Un año después mi nombre ya había sonado, así que vino Disco Express y me hicieron director en Barcelona. Dejé trabajo y estudios y pude vivir mi sueño: viajar y ser conocido. En 1972 publiqué mi primer libro y en 1974 tenía ya cinco revistas y un programa de radio. En pleno éxito, porque tenía peso en la música, casado y con dos hijos, viviendo de coña, dije que ya estaba bien, que muy bonito pero que no seguía y lo dejé todo para seguir mi instinto: ser novelista.

Sin embargo sí hay algunas connotaciones más. De entrada, hasta los 30 uno es bastante tonto. Sí, crees saberlo todo, estás casado, tienes hijos, ya eres mayor… pero en el fondo, nada. Yo empecé a escribir bien a los 35, cuando llevaba 10 años publicando. Y eso lo veo hoy. Entonces no, claro. Todos nos creemos reyes del mambo cuando somos jóvenes. En aquellos días en las ruedas de prensa que se hacían en Barcelona, el único que preguntaba era yo, con mis pelos largos y mi pinta. Todos los que se sentaban detrás de mí iban con traje y corbata. Era muy fuerte. Pensé que si un día yo tenía 40 o 50 años, aunque fuese todavía con el pelo largo, siempre habría algún chaval de 20 que me miraría de forma sospechosa. No diré que fuese una clave de mi renuncia, pero todo ayuda. Hay que tener en cuenta que en aquellos días el rock no tenía más historia que la de un par de décadas mal contadas. Todo era nuevo. Por eso hoy me cabrea que los críticos de medio pelo llamen dinosaurios a los grandes o que les censuren por hacer giras de come back a los 70 años. ¿Qué han de hacer, morirse, retirarse? Hay que ser gilipollas, por Dios. A esos que hablan así me gustaría verlos de viejos, sobre todo si tienen fuerzas y se sienten jóvenes de corazón y mente, aunque el cuerpo no acompañe. Todo esto en la primera década de los 70 se veía muy, muy lejos. Pero por mi parte llegó un momento en el que no podía compatibilizar música y novelas. En la vida hay que quemar etapas. Yo ya había quemado esa. A por otra. Nunca me he arrepentido ni la he echado de menos. Dejé de viajar en Concorde, helicóptero, limusina, o dormir en hoteles de lujo o castillos en Sussex, y me pagué yo los viajes por Asia, África o América Latina, donde estaba la vida real de la que quería escribir. Al año de dejar la música ya ganaba más con mis novelas, así que, encima, no me morí de hambre.
Y hoy es normal que haya críticos musicales de 60 años, nadie lo ve raro.

«Nunca paro de escribir. Es mi pasión.»

Con la cabeza llena.
Fuente: www.sierraifabra.com

¿Qué te impulsó entonces empezar a escribir literatura infantil?

Siempre fui muy fantasioso. En el Centro Cultural de la Fundació Jordi Sierra i Fabra de Barcelona están expuestos los libros de 100 páginas que escribía yo con 9, 10 u 11 años, y también los juegos de palabras que inventaba, los comics que dibujaba y libretas con relatos. Las novelas eran policiacas, los relatos de ciencia ficción. Cuando empecé a publicar novelas y a ganar premios literarios, gané uno juvenil con una novela que de juvenil no tenía nada. En muy poco tiempo era lectura recomendada en escuelas de toda España. Entonces ¿qué sucede? Que si uno es abogado escribe de abogados, o mis primeras novelas, que estaban ambientadas en el mundo de la música, respondían a lo que era yo. Pero por un lado yo venía del rock, energía pura, por el otro empecé a visitar escuelas, poco a poco fueron los lectores jóvenes lo que me escogieron a mí, no yo a ellos, y me mandaban cartas contándome su vida igual que ahora me mandan mails. Hoy tengo dos Fundaciones (Barcelona y Medellín en Colombia) y sigo rodeado por gente que tiene entre 15 y 20 años. Conclusión: de cada 10 novelas que hago, en 7 el prota tiene entre 15 y 20 años, lo cual no significa que sean juveniles, pero ¡ay, las etiquetas! También comprendí que podría editar cuantos libros quisiera, no sólo uno al año “para adultos”, y tal y como soy yo, eso fue una bendición. Mi imaginación empezó a desbordarse, y así hasta hoy. Por eso nunca paro de escribir. Es mi pasión. Y por eso con los años escribo más y más: cada vez me queda menos tiempo. Quiero morir saciado.

¿Para qué margen de edad te resulta más difícil escribir o cuál te plantea mayores retos?

Es que no me planteo quién va a leerle. No me pongo una foto delante. Yo hago libros, que los lea quien quiera. Cierto que un cuento infantil de una hormiga que va de excursión es eso: un cuento infantil. Entonces el lenguaje se adapta (lo cual no quiere decir que lo baje, eso jamás). Es distinto de si escribes una novela policiaca con sexo y asesinatos. Yo escribo con la misma intensidad ese cuento que esa novela. Soy libre, independiente y feliz, nunca he escrito nada firmado con mi nombre que no me gustase. También por eso escribo de todo, porque todo me apasiona. He ganado premios con novelas policiacas, históricas, de ciencia ficción, realistas, de fantasía…

Desde tu primera obra infantil ¡Sorpresas! en 1982 a Fantasmes publicada este mismo año ¿qué ha cambiado entre una y otra cuando te enfrentas a una hoja en blanco?

¿Cambiar? Nada. El mayor halago que me pueden hacer es cuando me dicen que sigo siendo el mismo, que no he cambiado, y que para mí, escribir sigue siendo lo mejor y más sagrado. “Sorpresas”, por ejemplo, surge el día en que el director de SM me pregunta: “¿Oye, te atreverías a escribir cuentos para niños?”. A los 20 días le mandé 40 cuentos (hice dos por día, mañana y tarde, de 4-5 páginas cada uno). Ese libro vendió casi un cuarto de millón de ejemplares y sus cuentos luego se han reeditado en otros formatos. Ah, para mí una hoja en blanco es como una mujer a la que seducir, un infinito de posibilidades.

¿Papel o Portátil?

Hago los guiones de mis novelas con papel (libretas cuadriculadas) y boli. Paso medio año fuera de BCN. Es en los aeropuertos, aviones, trenes, hoteles, donde creo mis historias, porque ahí tengo tiempo, nadie me molesta. Puedo pensar. También voy mucho a pequeñas islas caribeñas (o de cualquier parte del mundo) donde me encierro a trabajar mis historias. Nunca me llevo un ordenador cuando viajo. ¿Para qué? Luego sí, escribo mis novelas en una de mis dos casas (ciudad y montaña) con ordenador. Es la parte final. El trabajo de verdad, el complicado, ya está hecho. Soy rápido escribiendo, pero lento pensando. Puedo estar años imaginando una historia que luego, con el guion hecho, despacharé en una o dos semanas.

«Son las personas las que hacen los lugares.»

Foto para el Dominical de El Periódico, 2011.
Fuente: www.sierraifabra.com

¿Qué libro de toda tu obra infantil les recomendarías a unos padres poco habituados a leer pero con ganas de iniciar a sus hijos en el mundo de la lectura?

No puedo responder a eso porque cada persona es distinta. En las escuelas, cuando el profe hace leer una novela a todos, la misma, siempre he pensado que lo justo sería darles a elegir entre varias, de distintos géneros. No es igual una novela policiaca que una de ciencia ficción.

Los cuentos contribuyen a desarrollar la imaginación y la fantasía de los niños y a crear sus propios mundos interiores. Un cuento puede ayudar a los niños a que superen posibles conflictos y establezcan valores. En el caso de tu obra infantil, ¿qué valor es el que priorizas en mayor número de ocasiones?

Otra pregunta difícil, porque yo nunca me he planteado dar lecciones, ni sentar cátedra, ni ser moralista, ni dar consejos… Por Dios, no. Insisto en mi concepto de “Novelista”. Soy un contador de historias, nada más. Quiero que un posible lector se lo pase bien. Si luego aprende algo, mejor. Es evidente que mis novelas están llenas de “algo más”, hay un sustrato por debajo, pero eso es lo que la mantiene, no lo más importante. Tengo dos Fundaciones, soy socio de varias ONG’s, cuento lo que veo en mis viajes, denuncio cosas a través de la literatura, pero lo primordial es que haya una buena historia donde meter eso, sino acabas haciendo panfletos. Quiero que la gente identifique la marca Sierra i Fabra con algo que le hará pasar un buen rato en todos los sentidos.

¿Qué opinas del estereotipo de caballero y princesa en la literatura infantil? ¿Crees que actualmente los autores están saliendo de estos moldes o sigue siendo un recurso muy utilizado?

Pues que son eso, estereotipos, y lamentablemente muy potenciados por la factoría Disney. La única princesa que conozco es Letizia, y desde luego rompe moldes, es todo un carácter. Y además periodista, ojo. Para reírme un poco de esto escribí hace unos años un libro titulado “Una (estupenda) historia de dragones y princesas (…más o menos)”. Sigue siendo uno de mis libros más vendidos.

Un cuento infantil de tu infancia que recuerdes con especial cariño. ¿Y tu personaje infantil favorito?

Mi primer libro de cabecera fue “Las 1001 noches”. Lo devoraba sin parar. Mi personaje favorito Guillermo Brown, de Richmal Crompton.

¿Cómo vives la irrupción del libro digital? ¿Crees que se podría asemejar la relación “libro físico” – “libro digital” al “Long Play” – “cinta grabada”?; la pérdida de lo orgánico, el sonido de las páginas, el colocarlo en tu biblioteca y verlo cuando pasas…

¿Cómo responder a eso sin parecer nostálgico, o mayor, o anticuado? Hay una palabra que creo que define este proceso: emoción. Antes había emoción. Yo me iba al trabajo y al cole a pie para ahorrarme el dinero del bus y del metro, y así cada semana me compraba un LP. Eran álbumes impresionantes, dobles, los abrías, fotos maravillosas, letras impresas, grandes diseños. Sacábamos el disco con arte, sin tocar las estrías, era un ritual, un proceso, un acto de amor. Luego sale el CD, chiquitajo, con letras diminutas que ni lees con lupa, portadas de mero compromiso, nada de arte. Incluso lo puedes pisar, porque dicen que “durará mil años y sonará igual”. Mentira. Pasan 20 años y adiós CD, ahora todo son descargas, you tube o mp3. No se valora conseguir ese disco o esa canción. Todo es mecánico y automático, fácil. Entonces, ¿dónde queda la emoción, ese orgullo por haber conseguido algo, tuyo, y que disfrutarás de una forma especial porque sabes lo que te ha costado? Yo tengo 30.000 vinilos y 3.000 CD’s. Nunca me he descargado nada. NUNCA. Compro el disco y como mucho lo paso al iPod o a la tableta para oír música en los viajes. Me encanta el progreso, el futuro, pero sin emociones perdemos poco a poco nuestra esencia humana.

Estas en una isla desierta y tienes que escoger: ebook (con muchos libros) o un buen libro impreso.

Un buen libro impreso, porque con él podría hacer fuego y calentarme si hace frío o asar lo que haya pescado. Además, ¿te has acordado de salvar el cargador para el e-book? Vale, sí, pero ¿dónde lo enchufas?

Nos consta que has estado en Granada en varias ocasiones, ¿qué es lo que más te gusta de nuestra ciudad?

He estado muchas, muchísimas veces, porque durante mi 20 años de dar charlas en escuelas venía cada año a Granada. Por otro lado, tengo primos por parte de mi mujer. También tengo historias secretas y muchas anécdotas que son materia reservada. Pero yo en las ciudades que me gustan nunca pienso en las piedras, sino en las personas. Son las personas las que hacen los lugares. Cuando presenté mi método para jóvenes escritores, “La página escrita”, escogí tres ciudades y una fue Granada.

¿Qué canción de los Beatles es tu preferida?

Paperback writer (El escritor). Me sentía feliz con ella.

Por último Jordi, ¿Cola Cao o Nesquik?

Cola Cao, desde que era niño.

Web de Jordi Sierra i Fabra:

Jordi Sierra i Fabra

Biografía de Jordi Sierra i Fabra:

http://www.sierraifabra.com/2011/es_biografia.php